Para empezar

¿Cuántos de nosotros nos levantamos un día, nos pusimos los tenis y empezamos a correr sin ton ni son? Con más fuerza de voluntad que condición física; sin un plan y menos un entrenador que nos orientara, sin un objetivo claro, pero sí con muchas ganas. Seguro las primeras salidas fueron espantosas, sin aliento, sin endorfinas, ganas de vomitar y dolor en las piernas. Mientras corríamos pensábamos: “Ya no puedo más. Me paro y camino”.

Al principio es difícil, te esfuerzas y no ves resultados. Correr se convierte en un acto de fe, como cuando de niños no queríamos comer verduras y nuestras madre con su “infinita paciencia” o la chancla educadora nos decía que eran buenas para nuestro crecimiento porque tenían vitaminas y minerales, y nos las comíamos porque no había de otra.

Con el tiempo descubrimos que correr es una actividad que te devuelve lo que tú le das, cuánto más le aportas, más recibes: hace que te sientas bien, satisfecho y feliz; entrenar corriendo nos prepara para enfrentar los reveses de la vida.

Ahora hay mucha información en libros e internet sobre cómo empezar a correr. Lo primero, si eres principiante es ser prudente y comenzar con un plan de ocho semanas de caminar y trotar por lo menos 20 minutos, tres veces por semana las primeras cuatro semanas y 30 minutos las siguientes cuatro.

El siguiente paso, antes de plantearte una carrera específica, es hacer un programa base o inicial, que llevaría otras ocho semanas. El objetivo es desarrollar la condición física y las capacidades para correr. Si comienzas a entrenar para una carrera sin antes haber completado un programa base o inicial, es probable que tu cuerpo no esté suficientemente preparado para la carrera. Tu desempeño no será óptimo y aumentarán las posibilidades de una lesión.

Si tu meta, por ejemplo, es correr 10 km, puedes hacer de cuatro a seis semanas de entrenamiento base, y posteriormente un programa exclusivo para dicha distancia. ¿En qué consiste? En combinar tres días de carrera con dos dedicados a fortalecer espalda, abdomen y cadera. Correr 3 km por sesión e ir aumentando gradualmente cada semana. Puedes incluir, a partir de la cuarta semana, un día de bicicleta o natación, como opcionales. Es muy importante, para experimentar progreso, exigirse un mínimo de 40 minutos de carrera continua.

Una vez que hayas completado el entrenamiento base habrás mejorado tu condición física y disfruta de la sensación de logro. ¿Qué sigue? Intentar correr distancias mayores o correr la misma distancia lograda, pero en menos tiempo.

Cuando se trata de ganar condición y fuerza los milagros no existen. No es suficiente con ponerse los tenis y echarse a correr como locos. Debes ser paciente e informarte; hacer un plan y ser lo suficientemente disciplinado para cumplirlo. Lo duro de correr es que requiere de compromiso, una vez que lo logres, lo demás es aprender a disfrutarlo.

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