El aguador

En la antigua Grecia corrían muchos, por los más variados motivos y sobre las distancias más diversas: corrían los atletas, las mujeres, los filósofos, los mensajeros, quienes llevaban las noticias de guerra o de paz.

Muchos conocemos la hazaña de Filípides, el militar encargado de llevar a Atenas la noticia de la victoria sobre los persas en la batalla de Maratón.

Tuvo éxito, pero tras recorrer los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas, cayó al suelo agotado y murió.

Ser bellos, fuertes, valientes y veloces eran las características de los héroes griegos y obtener la victoria en una competencia los convertía en casi dioses.

Ahí estaba Hermes, el dios mensajero, hábil, inteligente y veloz. Correr era para ellos una cuestión de tenacidad, coraje y valor.

Siglos después, en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, que se celebraron en Atenas en 1896, un griego de mediana estatura, lejos de ser bello o tener un cuerpo escultural, ganó en los 40 kilómetros del maratón en un tiempo de 2h:58m.50s.

Se llamaba Spiridon Louis (Grecia 1873–1940), conocido como Spyros y era vendedor de agua potable en las calles de Atenas, cuando fue seleccionado por el Coronel Papadiamantopoulos,quien fue su superior durante el servicio militar, para participar en el evento olímpico que se realizaba por primera vez.

A pesar de su escasa preparación física y su estatura media, venció a los corredores más famosos de la época como Albin Lermusiaux y Teddy Flack, y también al atleta favorito griego, Kharilaos Vasilakos, que había ganado el maratón en los Juegos Panhelénicos.

El rey Jorge I de Grecia bajó a la pista para felicitarlo y le dijo que le pidiera lo que quisiera.

Spyros sólo le pidió un burro y un carro para poder llevar más cómodamente el agua por las calles de Atenas.

También de todas partes de Grecia le llegaron regalos y ofrecimientos, pero él rechazó la mayoría de los presentes.

Nunca más volvió a correr ni a competir. Después de los Juegos Olímpicos, se retiró a su pueblo y trabajó como granjero y después como policía.

Fue presidente honorario de la delegación griega de los Juegos Olímpicos, de Berlín en 1936, y en 2004, su nombre le fue impuesto al Estadio Olímpico, de Atenas.

En nuestros días, lo saben bien muchos corredores, se corre para demostrar valor, como lo hacían los antiguos griegos; se corre para obtenar el respeto y la gloria, aún en una sola carrera como lo hizo Spiridon.

Se corre para mejorar la salud y el aspecto de nuestro cuerpo y se corre porque “todo lo que necesitas saber sobre ti mismo, lo puedes aprender en 42,195 kilómetros”. (The Truth About Runnig, finiherguide.com)

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Un comentario

  1. Roque Martínez Rosales

    Excelente y muy certero la narrativa de esta histórica Azaña realizado en ese gran período, a pesar del tiempo, seguimos participando con la idea de ser un mejor ciudadano, saludos

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